Testimonio sobre Apitoxina


Caminar con paso firme: La historia de Eduardo con la aplicación de Apitoxina.

"Disfrutaba practicando deportes, especialmente el tenis con mis amigos. Cuando comenzó el dolor, me hubiera gustado simplemente pasar aunque fuera una noche sin ese insomnio por el dolor".

Dos lesiones diferentes cambiaron la vida de Eduardo. A principios de la década del 90, mientras hacía el peritaje de una vivienda para una empresa de seguros, Eduardo se lesionó el cuello al estirarse para controlar unas rajaduras en el cielorraso, lo cual hizo en forma repentina, por lo que sintió un tirón similar a un latigazo que le recorrió el cuello y la nuca. Como el dolor inicial se fue aliviando, dejó pasar el tiempo pero lamentablemente la molestia recrudeció y lo obligó a consultar a su médico quien le recomendó una radiografía de su columna cervical en el cuello. El resultado no fue bueno. Se veían dos vértebras con lesiones y el disco entre ellas estaba comprimido y deformado hacia los lados y avanzaba apretando y lastimando los sitios donde nacían los nervios de su columna cervical.

Al poco tiempo Eduardo complicó esta lesión cuando se dañó la espalda al intentar poner en marcha una cortadora de césped, para lo cual debía dar tirones fuertes a una cuerda. Al hacer esto repetidas veces ponía en contractura a los músculos de la parte alta de su espalda y de su cuello, con lo que provocó la intensificación de su lesión en la columna cervical, es decir en su cuello.

La suma de estos episodios lo colocó en una situación de tal debilidad orgánica que su médico en consulta con un traumatólogo decidieron comenzar una serie de intervenciones para corregir los daños provocados y acumulados.

En los siguientes siete años, sufrió seis laminectomías (le sacaron partes de sus vértebras) con la intención de liberar a los nervios apretados, y posteriormente se le practicó una fusión, es decir le soldaron dos vértebras para impedir que al flexionarse lastimen a los nervios. A pesar de las buenas intenciones, tras cada operación, el dolor se hacía presente cada vez con mayor intensidad. Desaparecía durante un corto tiempo, pero, sin excepción siempre volvía a aparecer. Finalmente su propio médico le habló de algo nuevo, que había ayudado a mucha gente en casos similares, se trataba de la terapia de Campos Bio frecuenciales.

Cuando conoció esta opción, Eduardo no se sintió intimidado, de hecho estaba dispuesto a probar cualquier novedad que le aliviara el dolor. Así que se presentó para iniciar sin demora un tratamiento.

¿Los resultados?, sus propias palabras fueron: "¡Qué gran sensación! Inmediatamente pude notar que el alivio que se iniciaba en mi cuello bajaba por todo mi cuerpo".

Eduardo no tardó mucho en apreciar la diferencia que significaba en su vida este nuevo tratamiento. Comenzó a hacer todas las tareas que la enfermedad le había impedido realizar y sin la menor señal de molestia o de dolor. Comenzó además a caminar unos 3 km diarios.

Eduardo nos ha manifestado que le gustaría compartir su experiencia con otras personas que sufren de dolor crónico y nos pidió que publiquemos este testimonio de su parte que dice: "Si está pensando en la terapia con la aplicación de Apitoxina como una opción, adelante, inténtelo. Cuando piense que no existe más esperanza, esta opción podría significarle una nueva vida".