Testimonios sobre Artrosis


De estar postrada en la cama a montar en bicicleta: La historia de Angelina.

Angelina, una entusiasta de la natación y la bicicleta, era una persona activa en su comunidad religiosa y sentía que su trabajo como enfermera geriátrica cuidando y atendiendo a los abuelos la llenaba por completo. Cuando Angelina tenía 44 años comenzó a padecer de dolores en las piernas. Le dolían tanto que no podía caminar. Sufría de adormecimientos, hormigueos y calambres permanentes. Las dolorosas molestias comenzaban en su cintura y se irradiaban hacia abajo por los glúteos (la cola), los muslos y las pantorrillas llegando incluso hasta los pies de ambos lados. Para resumir Angelina decía que se encontraba en un estado constante de lo que describía como un "dolor atroz".

En un intento por controlar el dolor, Angelina tomó casi todos los analgésicos disponibles. Además, su estado la llevó a probar numerosos fármacos antidepresivos y también remedios para combatir la angustia. Pero el dolor continuó y al final aumentó hasta un punto en el que Angelina tuvo que dejar su trabajo como enfermera y aceptar un puesto administrativo. Incluso entonces, llegó a necesitar bastones y en ocasiones una silla de ruedas para desplazarse en el trabajo. Y en casa, Angelina se sentía atada a la cama.

Cuando el dolor se volvió insoportable, acudió a una clínica de ortopedia y traumatología donde fue derivada al médico jefe del servicio quien la sometió a un tratamiento de estimulación eléctrica a lo largo de sus miembros inferiores. Angelina comentó posteriormente: "Hubiera intentado cualquier cosa. Ya estaba entregada y el miedo de llegar a tener una parálisis y no poder caminar más era el compañero de todos mis días".

Después de tres semanas de soportar los golpecitos de corriente en forma de pinchazos para ver si sus músculos mejoraban decidió abandonar ante el fracaso que soportó. Como su organismo no podía seguir tolerando calmantes su médico clínico le sugirió acercarse al Edificio Médico OFIPRA de la Avenida Jujuy donde se practicaba un tratamiento de última generación llamado Nuevo Tratamiento Local y que consistía en la ingeniosa idea de llevar la medicación terapéutica al centro mismo de las articulaciones enfermas. Allí, los muy efectivos remedios hacían un revestimiento interno de los sitios afectados por la artrosis.

Cuando ella tuvo la oportunidad de recibir la aplicación inicial no advirtió cambios hasta que estuvo de regreso en su casa a dos horas de viaje. Lo primero que notó fue que por primera vez en mucho tiempo se sentía dueña de sus piernas. Como el intenso dolor había disminuído drásticamente pensó que estaba bajo el efecto de algún tipo de anestesia, pero la única realidad era que el tratamiento ya había empezado a hacerle efecto.

A la semana siguiente, la diferencia era abismal y al sumarse el efecto de las dos sesiones siguientes nos dijo:"Pasé de estar postrada en la cama y no poder hacer nada a poder hacer casi todo lo que quería..."

¿Cómo ha cambiado el Nuevo Tratamiento Local la vida de Angelina? "Me acabo de casar hace siete meses, sinceramente no creo que lo hubiera podido hacer de no ser por este increíble tratamiento que es lo mejor que jamás me ha pasado. Me ha devuelto la vida. Puedo realizar cosas en casa que antes no podía, como cocinar o realizar las tareas del hogar. Cuando me siento bien, puedo caminar muchas, muchas cuadras ¡Incluso puedo volver a montar en bicicleta!".

Según su nuevo marido, Horacio, la diferencia en Angelina es sorprendente: "Como de la noche al día. El sistema del Nuevo Tratamiento Local ha significado una gran diferencia en nuestras vidas. Se siente estupendamente. Realmente la ha ayudado mucho. Ha sido magnífico lo que ha aliviado su dolor y sufrimiento, Incluso, su movilidad es mejor que antes".